Antes que nada, les doy una vez más la bienvenida.
Honestamente no estoy muy seguro de por qué decidi publicar algo el día de hoy. Sobre todo cuando debería estar estudiando. Pero, acá estoy. Y como dicen: ya que estamos en el baile, bailemos.
Intentando encontrar una explicación razonable que pudiera justificar mi presencia en este día en este blog, me topé con una buena teoría. Se las comento.
Básicamente no tengo psicólogo y no estoy del todo convencido de acudir a uno. No sé, la verdad que me da cierto temor confesarle mis problemas a un desconocido. Por eso elijo hacer mi sesión de terapia acá, frente a un número impreciso de desconocidos. Raro, ¿no?
Hoy no hay metáforas, les voy a ser sincero: las cosas no me están saliendo como quiero. Es una tarde en la que siento que una fiesta, sería dormir 35 años la siesta. De vez en cuando caigo en estos agujeros, pido licencia del humor que siempre tengo. Son mil de azúcar para una sola de sal. Tengo derecho yo a sentirme un día mal.
Pity Alvarez y los Caligaris no podrían haber explicado mejor mi estado emocional. O sí, si en vez de "tarde" hubiesen dicho "noche". Pero la cita es bastante efectiva y fue. No pienso cambiarla. En sí, este no es mi problema. Son sólo los síntomas de mi problema. El verdadero problema es... Y ahí me freno, porque no estoy muy seguro de cuál es el problema, de qué me hace sentir así.
Les voy a ser sincero. Creí que escribiendo lo que tenía en la cabeza, podría yo solo encontrar la respuesta a mi pregunta. La verdad es que no estaba esperando ninguna ayuda de nadie. Nada más necesitaba un lugar donde vomitar mi verdad. Y si no me equivoco, eso es más o menos el psicólogo, ¿no? En fin, gracias por oírme. Es lindo se escuchado por una vez en la vida y no ser la oreja oyente y el hombro siempre dispuesto a que los otros lloren. Ahora me voy a seguir dándole vueltas a los apuntes y a mis problemas. Y no se olviden: el último que sale apaga la luz.
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